- 03 de junio de 2026
Le artista poblana ha convertido su arte en una forma de visibilizar diversidad, identidad y representación LGBT+.
En un país donde el arte suele repetir las mismas historias, Gato Que Pinta decidió abrir espacio para otras narrativas. Desde Tehuacán, Puebla, le artista visual ha construido una obra marcada por la diversidad, la identidad y la resistencia.
Originarie de Tehuacán, Gato Que Pinta se dedica a las artes visuales, la creación de contenido para redes sociales y el artivismo. Su relación con el arte comenzó desde muy joven: a los 15 años ya exponía sus piezas en muestras locales.
Con el tiempo, su trabajo tomó una dirección más política y social. En entrevista con Quinto Poder, señaló que durante años observó un circuito artístico dominado por narrativas hegemónicas, con poca representación de personas LGBT+, pueblos originarios y otras diversidades.
El arte como forma de visibilización
Lo que inició como ilustración y arte erótico terminó convirtiéndose en una herramienta de representación. Gato Que Pinta ha explicado que gran parte del arte erótico que encontraba estaba construido desde una mirada heterosexual y masculina, por lo que decidió crear imágenes desde otro lugar.
Actualmente, buena parte de su obra está enfocada en la visibilidad de identidades diversas. A través de murales, ilustraciones y piezas digitales, su trabajo busca generar conversación sobre realidades que históricamente han sido ignoradas o marginadas.
Uno de los momentos que amplificó su exposición pública ocurrió tras ganar un concurso organizado por el INE con una pieza sobre violencia hacia personas no binarixs. La obra se viralizó en redes sociales y provocó una fuerte reacción: recibió ataques y críticas, pero también mensajes de personas que se sintieron identificadas por primera vez.
Una historia que abrió camino
La trayectoria de Gato Que Pinta también tomó relevancia cuando hizo público que fue reconocida como la primera persona registrada como no binarie en Tehuacán.
Aunque el anuncio generó comentarios de odio, también provocó que otras personas se acercaran para pedir orientación sobre trámites similares. Para la artista, ese momento confirmó que la representación no solo importa en el arte, sino también en la vida cotidiana y en el reconocimiento institucional de las identidades.
Su obra, más que decoración, funciona como conversación, memoria e identidad. Para Gato Que Pinta, cuando las palabras no alcanzan, las imágenes, los colores y las formas pueden abrir caminos.
Desde Tehuacán hasta las redes sociales, Gato Que Pinta ha convertido el arte en una manera de existir, resistir y nombrar aquello que durante mucho tiempo quedó fuera del cuadro.
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