- 25 de marzo de 2026
El caso del estudiante que asesinó a dos profesoras vuelve a poner bajo la lupa una subcultura digital marcada por frustración, misoginia y discursos radicales

Un acto violento ocurrido en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, no sólo sacudió a la comunidad por la tragedia, sino que también abrió un debate urgente sobre el impacto de ciertas comunidades digitales.
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Luego de que se diera a conocer que el presunto agresor habría compartido contenido vinculado a la subcultura "incel", términos como "Chad" y "Blackpill" comenzaron a circular con fuerza en redes sociales.
Pero detrás de estas palabras hay todo un sistema de creencias, lenguaje y dinámicas que preocupan tanto a especialistas en salud mental y comportamiento digital.
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¿Qué significa ser "incel"?
La palabra "incel" proviene del inglés involuntary celibate, que se traduce como "célibe involuntario". Se utiliza para describir a personas, principalmente hombres, que consideran que no pueden establecer relaciones afectivas o sexuales, generalmente atribuyéndolo a su apariencia física o falta de habilidades sociales.
El término surgió en 1997 como parte de un proyecto que buscaba crear un espacio de apoyo para personas con dificultades en su vida sentimental. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas comunidades en línea transformaron ese concepto en una ideología marcada por el resentimiento, la frustración y, en ciertos casos, el rechazo hacia las mujeres.
El significado de "Chad"
Dentro del lenguaje incel, uno de los conceptos más conocidos es "Chad". Este término se utiliza para describir al hombre ideal: atractivo, seguro de sí mismo y exitoso en el ámbito social y romántico. En contraste, quienes se identifican como incels suelen considerarse en desventaja frente a este estereotipo.
Otro término frecuente es "Stacy", que hace referencia a mujeres consideradas atractivas y que, según esta visión, sólo se relacionan con hombres "Chad". Esta forma de clasificar a las personas refuerza una narrativa rígida y estereotipada sobre las relaciones.
También aparece el concepto de "hipergamia", que plantea que las mujeres buscan parejas con mayor estatus económico o social, lo que, según esta ideología, deja fuera a muchos hombres.
¿Qué es la "Blackpill"?
Uno de los conceptos más preocupantes dentro de esta subcultura es la llamada "Blackpill" o "píldora negra". Se trata de una creencia fatalista que sostiene que el éxito en las relaciones depende únicamente del atractivo físico y que no existe posibilidad de cambiar esa situación.
Esta visión puede derivar en una actitud de resignación total, donde el individuo considera que cualquier esfuerzo personal es inútil. En algunos casos, esta idea se vincula con sentimientos de frustración profunda o aislamiento social.
Otros términos relacionados incluyen "LDAR" (Lay Down And Rot), que promueve la inacción, o "looksmaxxing", que se refiere a prácticas para mejorar la apariencia física como única vía de aceptación.
Más allá de los conceptos teóricos, existen expresiones dentro de estas comunidades que han encendido alertas. Frases como "going ER" han sido asociadas con la glorificación de actos violentos, lo que ha llevado a especialistas a analizar estos espacios con mayor atención.
Si bien no todos los usuarios que participan en estas comunidades promueven la violencia, algunos foros han sido señalados por normalizar discursos de odio, especialmente hacia las mujeres.
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El caso de Michoacán
El ataque en Michoacán ha reavivado la discusión sobre el papel que juegan las redes sociales en la formación de ideas y conductas. De acuerdo con reportes preliminares, el presunto agresor habría compartido contenido relacionado con esta subcultura, lo que ahora forma parte de las líneas de investigación.
Aunque las autoridades no han confirmado un vínculo directo entre estas ideas y el ataque, el análisis del entorno digital del joven se ha convertido en un elemento clave para entender el contexto del caso.
Especialistas advierten que el riesgo no radica únicamente en el uso de ciertos términos, sino en la exposición constante a contenidos que refuerzan el aislamiento, el enojo o la frustración. En adolescentes, este tipo de mensajes puede influir en la forma en que perciben sus relaciones y su entorno.
Además, el anonimato en internet facilita la creación de espacios donde estas ideas se difunden sin filtros, lo que dificulta su detección y prevención.
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