- 29 de mayo de 2026
En esta contribución se presenta el trabajo colaborativo entre docentes como una práctica con potencial para mejorar la enseñanza y el aprendizaje.

En esta contribución se presenta el trabajo colaborativo entre docentes como una práctica con potencial para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Se describen las características del trabajo colaborativo efectivo, las diferencias entre una colaboración superficial y otra profunda, sus beneficios y riesgos, así como las condiciones que lo favorecen.
En las escuelas, los encuentros y reuniones entre docentes forman parte de su vida cotidiana: distribuyen responsabilidades en comisiones, comparten avisos, acuerdan actividades, revisan pendientes. Sin embargo, no todo encuentro o reunión entre docentes se convierte en trabajo colaborativo que contribuya a mejorar la enseñanza y el aprendizaje.
Entonces, las preguntas que surgen son: ¿qué caracteriza un trabajo colaborativo efectivo?, ¿qué condiciones requiere para su desarrollo?, ¿qué puede obstaculizarlo?, ¿qué beneficios se pueden experimentar?, ¿qué riesgos conlleva? En este artículo haremos un recorrido para responderlas.
En México, el trabajo colaborativo entre docentes cobró relevancia con la configuración de los Consejos Técnicos Escolares (CTE) como órganos de toma de decisiones técnicas y pedagógicas desde 2013, transitando de una función consultiva a una de gestión colegiada.
Recientemente, en el marco de la Nueva Escuela Mexicana, se ha buscado consolidar los CTE como espacios donde se construye el proyecto educativo de cada escuela y se promueven procesos de formación docente, entre otros propósitos.
Una de sus funciones es favorecer el trabajo pedagógico colegiado para construir conocimientos y reflexionar sobre las prácticas pedagógicas mediante el diálogo entre los integrantes del colectivo docente. Esta función convierte al CTE en un espacio privilegiado para la colaboración. El desafío es que esa colaboración sea efectiva, profunda y orientada a la mejora de la enseñanza y el aprendizaje.
Un trabajo colaborativo efectivo se caracteriza por definir un propósito común, la distribución justa de responsabilidades, la comunicación abierta y honesta y la flexibilidad para responder a cambios en la pedagogía y el currículum; además de monitorear la implementación de los acuerdos, incorporar la experiencia de todos los integrantes del equipo y utilizar datos del alumnado para tomar decisiones.
Para que esto ocurra, se requieren conocimientos y habilidades para colaborar, así como apoyo afectivo, estructural, pedagógico e informativo por parte de la dirección escolar. Como resultado, un trabajo colaborativo efectivo genera productos específicos alineados con los objetivos acordados entre los integrantes del equipo.
El trabajo colaborativo entre docentes puede manifestarse de diversas formas. Puede involucrar a todo el personal de una escuela o a grupos de docentes. Los grupos pueden organizarse entre docentes de un mismo grado o de grados adyacentes, entre docentes que imparten la misma asignatura o asignaturas distintas. También pueden ser temporales o mantenerse a largo plazo. Una de las diferencias más importantes radica en la profundidad del trabajo colaborativo.
Las colaboraciones superficiales son las más frecuentes; se centran en asuntos prácticos, como la socialización de algunas ideas para planear actividades. Las colaboraciones profundas son más escasas, pues implican discutir la didáctica y los problemas cotidianos, observar las prácticas de enseñanza, analizar los desempeños y examinar las evidencias.
Las colaboraciones profundas pueden tocar creencias profesionales, abrir desacuerdos y generar tensiones; además, requieren interdependencia, es decir, la necesidad de sus colegas para tomar decisiones más sólidas, lo que puede entrar en conflicto con la búsqueda de autonomía en las escuelas.
Por ello, la colaboración superficial ocurre con mayor frecuencia, pues se evita el conflicto y se mantiene un ambiente seguro, aunque limita el potencial del trabajo colaborativo para revisar críticamente la práctica y mejorar la enseñanza.
Los efectos del trabajo colaborativo reportados en la literatura muestran tanto beneficios como riesgos. En la escuela, contribuye a que la estructura sea más horizontal y a promover una cultura de indagación; impulsa la atención a las necesidades de los estudiantes; y fortalece un clima escolar que apoya la adaptación, la innovación y la equidad.
Para las y los docentes la colaboración puede reducir su aislamiento, fortalecer su motivación y bienestar emocional; disminuir su carga de trabajo y mejorar su eficiencia; impulsar la comprensión de los contenidos y sus habilidades tecnológicas; ampliar el repertorio de estrategias de enseñanza, centrar la enseñanza en las y los estudiantes y fundamentar las decisiones en evidencias. Y, como consecuencia, puede ofrecer al estudiantado mejores oportunidades de aprendizaje, con decisiones de enseñanza dirigidas a sus necesidades y orientadas a mejorar su comprensión y desempeño.
La colaboración también puede conllevar riesgos. A nivel de escuela, la organización en grupos podría generar su aislamiento al concentrarse en los objetivos de cada equipo y desinteresarse por las demás personas; además, la imposición de la colaboración docente podría constituir un mecanismo de control del personal docente que limite sus acciones. Entre docentes, se puede promover la competencia en lugar de la interdependencia, aumentar la percepción de su carga de trabajo o favorecer el conformismo ante las decisiones de la mayoría.
Para aprovechar los beneficios del trabajo colaborativo y reducir la probabilidad de riesgos, es necesario cuidar distintos tipos de condiciones. Algunas son estructurales, como formalizar las interacciones profesionales entre docentes, asignar tiempo y espacios para colaborar y promover la estabilidad del personal docente en la escuela.
Otras tienen que ver con la cultura organizacional, como construir confianza mutua, establecer mecanismos de seguimiento, contar con un liderazgo congruente con los propósitos colectivos y que atienda las necesidades individuales de cada docente. Una de las condiciones fundamentales es contar con un acompañamiento pedagógico formado para: fomentar la interacción al interior de los equipos y entre equipos, responder a las necesidades del alumnado, promover la mejora de la enseñanza, proveer retroalimentación y apoyar el cumplimiento de los objetivos.
También importan las características de los grupos y de sus integrantes. Se favorece el trabajo colaborativo cuando: su tamaño permite la participación de todos sus integrantes, hay habilidades para el trabajo en equipo, prevalece un clima de apoyo y existe una heterogeneidad moderada de puntos de vista entre los docentes.
Entre las características personales que promueven el trabajo colaborativo se encuentran la disposición y el compromiso para colaborar, así como la comprensión de los beneficios del trabajo en equipo.

En conjunto, el proceso de trabajo colaborativo debe orientarse al alumnado y a sus aprendizajes, ser flexible, mantener interacciones constantes, cuidar la autonomía profesional de las y los docentes, gestionar oportunamente los conflictos y promover la interdependencia.
Las características y condiciones analizadas sugieren dos caminos de reflexión. El primero es revisar los CTE en función de las características del trabajo colaborativo efectivo y de las condiciones que lo hacen posible; aunque los CTE representan un espacio institucional formalizado, su formato y su operación podrían no ser suficientes para sostener una colaboración profunda. El segundo camino consiste en considerar si las escuelas necesitan otros espacios para la colaboración docente: reuniones por grado, fase o asignatura; sesiones de análisis de evidencias del alumnado; espacios para planear colaborativamente, observarse entre docentes y analizar sus prácticas; así como acompañamiento pedagógico entre pares.
En conclusión, el desafío que se vislumbra es construir una cultura de colaboración profesional que permita a las y los docentes pensar en conjunto, aprender de sus experiencias y construir respuestas para mejorar la enseñanza y el aprendizaje.
....................
María Guadalupe Pérez Martínez* Integrante de MUxED, es docente e investigadora del Departamento de Educación en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, y forma parte del cuerpo académico de Competencias Intelectuales y Académicas Básicas. Desarrolla proyectos de investigación e intervención en prácticas docentes, trabajo colaborativo, mejora escolar y evaluación educativa.
Referencias
Cordero Arroyo, G., & Navarro Corona, C. (2015). La toma de decisiones en el CTE: El camino hacia la autonomía de gestión. 1–11.
SEP. (2024, abril 8). ACUERDO número 05/04/24 por el que se emiten los Lineamientos para la integración, operación y funcionamiento de los Consejos Técnicos Escolares de Educación Básica. Diario Oficial de la Federación.
Vangrieken, K., Dochy, F., Raes, E., & Kyndt, E. (2015). Teacher collaboration: A systematic review. Educational Research Review, 15, 17–40.
Para más noticias, no dudes en seguirnos en Google News y en nuestro canal de WhatsApp para recibir la mejor información. Te invitamos a suscribirte gratis a nuestro Newsletter.






