- 07 de octubre de 2026
Una reducción en el suministro de gas natural de Estados Unidos expuso la dependencia energética de México, que busca aumentar su producción nacional, almacenamiento y uso de energías renovables.

Una reducción temporal en el suministro de gas natural de Estados Unidos volvió a poner bajo la lupa la dependencia energética de México. El país importa alrededor de 75% del gas que consume, un combustible indispensable para generar electricidad y mantener en operación a distintas industrias. El episodio no provocó una crisis de abasto, pero exhibió qué tan vulnerable es México ante una interrupción prolongada.
México recibió una advertencia sobre uno de los puntos débiles de su sistema energético. Entre finales de septiembre y principios de octubre, el suministro de gas natural proveniente de Estados Unidos disminuyó temporalmente debido a trabajos de mantenimiento en infraestructura de Texas.
La reducción fue suficiente para generar preocupación entre autoridades y sectores industriales, particularmente en entidades del norte del país. Sin embargo, el suministro pudo mantenerse y CENAGAS aclaró que no se trató de una decisión política de Estados Unidos para cortar el combustible a México.
El episodio terminó, pero dejó una pregunta que resulta más importante que la propia reducción: ¿qué pasaría si el gas estadounidense dejara de llegar durante varios días?
La respuesta permite dimensionar la dependencia. México necesita alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos de gas natural cada día y cerca de tres cuartas partes de ese volumen provienen de Estados Unidos. Además, el país no cuenta actualmente con suficiente almacenamiento estratégico para enfrentar por sí solo una interrupción prolongada.

Una reducción temporal que volvió a encender las alertas
El problema comenzó con trabajos de mantenimiento en infraestructura de gas natural ubicada en Texas. De acuerdo con CENAGAS, las labores realizadas entre el 24 de septiembre y el 4 de octubre provocaron una disminución temporal en uno de los puntos de entrada del gas que llega a México por ductos.
El director general de CENAGAS, Cuitláhuac García Jiménez, explicó que la reducción llegó a representar alrededor de una quinta parte del suministro que normalmente recibe México por esas vías. Aunque calificó la situación como un "golpe fuerte", aseguró que las instituciones del sector pudieron coordinarse para mantener el abasto.
La precisión es importante: Estados Unidos no decidió suspender deliberadamente el suministro a México. Se trató de una reducción relacionada con mantenimiento de infraestructura. Una vez concluidos los trabajos, el flujo comenzó a normalizarse.

Aun así, el episodio permitió observar qué tan expuesto está México a lo que ocurra del otro lado de la frontera. Una falla, un fenómeno meteorológico extremo o una interrupción más prolongada podría tener consecuencias mayores debido a que el gas natural es fundamental para la generación eléctrica y para diversas actividades industriales.
La preocupación, entonces, no está únicamente en lo ocurrido durante esos días, sino en la capacidad que tendría México para responder si una situación similar durara mucho más tiempo.
¿Por qué México depende tanto del gas de Estados Unidos?
La dependencia se explica por el papel que el gas natural ha adquirido dentro del sistema energético mexicano. Es un combustible utilizado de manera amplia para generar electricidad y alimentar procesos industriales, mientras que la producción nacional no alcanza para cubrir todo el consumo.
Actualmente, alrededor de 75% del gas natural utilizado en México es importado de Estados Unidos. La mayor parte de esas compras llega por gasoductos que conectan ambos países y permiten disponer de grandes cantidades de combustible de manera constante.
La relación es especialmente importante porque entre 60% y 62% de la generación eléctrica mexicana utiliza gas natural, de acuerdo con CENAGAS. Esto quiere decir que una interrupción importante no sólo afectaría a las empresas que consumen gas directamente: también podría complicar la producción de electricidad.

El gas estadounidense se ha convertido así en una pieza fundamental para que funcione la economía mexicana. La industria lo utiliza en diferentes procesos de producción y las centrales eléctricas lo necesitan para generar parte importante de la energía que llega a hogares, comercios y empresas.
El problema es que esta dependencia también concentra el riesgo. Alrededor de 80% del gas que México importa de Estados Unidos proviene de Texas, por lo que una parte considerable del suministro depende de una misma región y de una infraestructura que conecta a ambos países y que debe operar de manera continua
El antecedente de 2021: cuando la falta de gas provocó apagones
México ya tuvo una muestra de lo que puede ocurrir cuando el suministro estadounidense se interrumpe. En febrero de 2021, una tormenta invernal provocó temperaturas extremadamente bajas en Texas y afectó la producción y el transporte de gas natural en Estados Unidos.
La situación coincidió con un aumento en la demanda de combustible para calefacción y provocó una reducción importante de las exportaciones hacia México. El problema llegó rápidamente al sistema eléctrico nacional, especialmente en el norte y noreste del país.
El Centro Nacional de Control de Energía tuvo que declarar un estado operativo de emergencia ante la falta de gas disponible para algunas centrales eléctricas. La Comisión Federal de Electricidad recurrió a otras fuentes y combustibles para intentar mantener la generación, mientras distintas regiones enfrentaron interrupciones del servicio.

La crisis de 2021 mostró que una emergencia relacionada con el gas en Estados Unidos puede convertirse en México en un problema de electricidad, producción industrial y actividad económica.
Cinco años después, el episodio volvió a repetirse, aunque esta vez fue mucho menos grave y sirvió para recordar la misma vulnerabilidad: México depende de que el suministro de gas continúe llegando desde Estados Unidos y tiene pocas alternativas si se interrumpe por varios días.
El punto débil: México no tiene suficiente gas almacenado
Aquí se encuentra una de las principales preocupaciones de las autoridades. México no cuenta con una infraestructura de almacenamiento de gas natural que pueda utilizarse durante semanas si las importaciones dejan de llegar. Buena parte de la seguridad del sistema depende de que el combustible continúe entrando por los gasoductos.
CENAGAS ha explicado que, ante una interrupción total de las importaciones, México tendría un margen de aproximadamente tres días para mantener el equilibrio del sistema mediante el gas que permanece dentro de los propios ductos y otras medidas operativas.
Pero esos tres días no deben entenderse como si México tuviera grandes reservas almacenadas. Se trata principalmente del combustible que permanece dentro de la red de transporte, conocido como gas en línea, y que puede utilizarse temporalmente para mantener el suministro.

La falta de almacenamiento estratégico no es un tema nuevo. Desde 2018 se planteó como objetivo contar con un inventario equivalente a cinco días de consumo nacional para 2026. Sin embargo, esa meta no se concretó en los términos previstos y el programa institucional de CENAGAS 2026-2030 todavía contempla desarrollar infraestructura para contar con inventarios estratégicos y operativos.
La diferencia entre tener gas disponible en los ductos y contar con reservas almacenadas es fundamental: si las importaciones de Estados Unidos se interrumpen durante un periodo prolongado, México no cuenta con un gran respaldo de combustible almacenado para hacer frente a la situación.
¿Qué puede pasar si vuelve a faltar gas?
Una interrupción importante afectaría primero a las industrias que utilizan gas natural directamente en sus procesos. Algunas empresas podrían verse obligadas a reducir su producción, buscar combustibles alternativos o asumir mayores gastos para mantener sus operaciones, dependiendo de cuánto tiempo dure la falta de suministro.
El problema también podría llegar al sector eléctrico. Como una parte importante de la electricidad que se genera en México depende del gas natural, una reducción considerable del combustible obligaría a recurrir a otras centrales o fuentes de energía disponibles. En una situación de emergencia, esto podría elevar los costos y reducir las opciones para mantener el suministro.

Para los consumidores, esto no significa que una interrupción del gas provoque automáticamente apagones. México cuenta con otras fuentes de generación y las autoridades pueden tomar medidas para mantener el equilibrio de la red. Sin embargo, el riesgo aumenta cuando la falta de combustible se prolonga y afecta al mismo tiempo a varias regiones o centrales eléctricas.
El impacto también puede extenderse a la economía. Si una empresa debe detener una línea de producción o pagar más por un combustible alternativo, sus costos aumentan y parte de ese gasto podría reflejarse en el precio de sus productos. Por eso, garantizar el suministro de gas no es solo un asunto energético: también es importante para mantener la producción, la actividad industrial y la competitividad de México.
Más gas, almacenamiento y energías renovables: la respuesta de México
El episodio reciente también puso sobre la mesa las medidas que México necesita para hacer más resistente su sistema energético. El gobierno federal señaló que la coordinación entre CENAGAS, CFE, CENACE, Pemex y la Secretaría de Energía permitió mantener el suministro durante la reducción temporal de las importaciones.
Entre las acciones planteadas está incrementar la extracción de gas dentro del país, ampliar la red de transporte y desarrollar capacidad de almacenamiento. La intención es contar con una mayor capacidad de respuesta cuando se presenten problemas en el suministro externo.
Para avanzar en esta estrategia, el gobierno anunció una inversión de alrededor de 1.16 billones de pesos para electricidad y gas natural durante la actual administración. Parte de estos recursos se destinará a proyectos de infraestructura energética, incluidos gasoductos y obras relacionadas con el abastecimiento.

México tiene recursos de gas natural en el subsuelo, pero aprovecharlos requiere tiempo. Antes de que ese combustible pueda llegar a hogares, centrales eléctricas o fábricas, es necesario realizar trabajos de exploración, desarrollar instalaciones y construir la infraestructura necesaria para su extracción y transporte.
Otra parte de la estrategia consiste en ampliar el uso de fuentes renovables. La idea es que la generación eléctrica tenga más opciones disponibles y que el país pueda reducir gradualmente la presión que hoy existe sobre el gas natural.
El reto va más allá de responder a una eventual falta de combustible. Se trata de construir un sistema capaz de enfrentar interrupciones, variaciones en la demanda o problemas en la infraestructura sin que una dificultad en el suministro termine afectando a la industria, la generación eléctrica o los consumidores. Para México, la tarea será avanzar hacia un sistema con mayor capacidad propia, reservas disponibles y distintas fuentes de energía que permitan responder cuando alguna de ellas falle.
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