- 27 de julio de 2026
Los socavones en la CDMX aumentaron casi al triple durante la temporada de lluvias. Conoce las alcaldías más afectadas, las causas y los riesgos del hundimiento del suelo.

En la Ciudad de México el peligro no siempre se anuncia con un sismo o una inundación. A veces comienza con una pequeña grieta en el pavimento que, de un momento a otro, se convierte en un enorme hueco capaz de tragarse un automóvil, fracturar una tubería de gas o poner en riesgo viviendas enteras.
La temporada de lluvias volvió a exhibir uno de los problemas que permanece oculto bajo el asfalto: un subsuelo cada vez más frágil debido a la sobreexplotación de los acuíferos, el envejecimiento de la infraestructura hidráulica y el constante hundimiento de la capital.
Entre el 1 de abril y el 30 de junio de este año, las autoridades de la Ciudad de México recibieron 2 mil 998 reportes por socavones, casi tres veces más que los registrados durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con cifras oficiales del Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC).
Las imágenes de enormes hundimientos en calles de Iztapalapa, Iztacalco y Álvaro Obregón se hicieron virales en redes sociales, pero los datos muestran un panorama distinto: el problema se extiende prácticamente por toda la ciudad.

Un mapa que revela dónde se abre la tierra
Aunque las alcaldías del oriente suelen concentrar la atención cuando ocurre un socavón de gran tamaño, los registros oficiales muestran que Coyoacán es la demarcación con más reportes durante el periodo analizado.
Entre abril y junio acumuló 188 solicitudes de atención, seguida muy de cerca por Gustavo A. Madero, con 186 casos.
Después aparecen:
Benito Juárez, con 140 reportes.
Iztapalapa, con 138.
Otras alcaldías también registraron decenas de hundimientos, reflejando que el problema ya no está concentrado en una sola zona de la ciudad.

En promedio, estas cuatro alcaldías reportaron cerca de dos socavones por día, una cifra que evidencia la presión que enfrentan las autoridades para atender un fenómeno que cada temporada de lluvias se vuelve más frecuente.
De los casi tres mil reportes recibidos en ese periodo, 786 fueron atendidos directamente por las alcaldías, mientras que mil 512 quedaron bajo responsabilidad del Gobierno capitalino, principalmente a través de la Secretaría de Gestión Integral del Agua.
Sin embargo, para miles de vecinos la atención no siempre llega con rapidez. Los registros del SUAC indican que reparar un socavón tarda entre 32 y 33 días en promedio, dependiendo de la autoridad responsable.
El verdadero problema está bajo el pavimento
Para los especialistas, las lluvias no son la causa principal de los socavones; simplemente aceleran un problema que lleva décadas desarrollándose bajo la superficie.
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explican que la Ciudad de México fue construida sobre el antiguo lecho de un lago. Conforme el agua subterránea se extrae en cantidades mayores a las que naturalmente se recargan, el terreno pierde volumen y comienza a hundirse.
Actualmente, 71 por ciento del agua que consume la capital proviene de los acuíferos, mientras que el resto llega principalmente de los sistemas Lerma y Cutzamala.
El problema es que cada año los acuíferos reciben alrededor de 700 millones de metros cúbicos de agua, pero se extraen aproximadamente mil 300 millones, casi el doble. Esta diferencia provoca que el suelo se compacte y descienda.

De acuerdo con investigadores de la UNAM, la Ciudad de México se hunde entre 15 y 30 centímetros al año, aunque en algunas zonas, como los alrededores del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el descenso alcanza hasta 40 centímetros anuales.
A este fenómeno se suma el deterioro de las tuberías de agua potable y drenaje. Cuando alguna presenta fugas, el agua arrastra poco a poco el material del subsuelo hasta formar cavidades invisibles.
Los especialistas llaman a este proceso tubificación, un fenómeno en el que se generan conductos subterráneos que terminan perdiendo la capacidad de soportar el peso del pavimento. El resultado aparece sin previo aviso: la calle colapsa.

De un socavón a una emergencia
Uno de los casos más recientes ocurrió en la colonia Guadalupe Inn, en Álvaro Obregón. El pasado 22 de julio, un socavón de aproximadamente tres metros de profundidad se abrió en el cruce de las calles Ricardo Castro y Guty Cárdenas después del colapso de una tubería de drenaje de asbesto de 12 pulgadas.
Durante las maniobras para reparar el daño, una retroexcavadora perforó accidentalmente un ducto de gas natural, situación que obligó a movilizar al Heroico Cuerpo de Bomberos y a personal de Protección Civil para evitar una emergencia mayor.

Mientras tanto, vecinos de distintas colonias advierten que los hundimientos visibles podrían ser sólo una parte del problema. Habitantes han identificado al menos 30 puntos considerados críticos, donde existen hundimientos, grietas y daños relacionados con la red hidráulica.
A través de un mapa elaborado por la comunidad, sostienen que gran parte de las afectaciones se concentran sobre antiguas tuberías y zonas donde el terreno presenta constantes deformaciones.
"Estamos sobre un queso gruyere y las autoridades no tienen voluntad para prevenir desastres", señalaron en una denuncia difundida en redes sociales.

Una ciudad que sigue hundiéndose
La preocupación de geólogos y urbanistas es que los socavones continuarán apareciendo mientras no cambien las condiciones estructurales de la ciudad.
El investigador en Ciencias de la Tierra Alejandro S. Méndez ha advertido que la fuerte dependencia del agua subterránea mantiene a la capital en un proceso permanente de hundimiento.
Los estudios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que las alcaldías con mayores problemas de subsidencia son:
Iztapalapa
Gustavo A. Madero
Tláhuac
Iztacalco
Cuauhtémoc
Coyoacán
Benito Juárez
Tlalpan
Xochimilco
Álvaro Obregón
La coincidencia entre las zonas con mayor hundimiento y aquellas donde constantemente aparecen socavones confirma que el fenómeno no responde únicamente a las lluvias. Cada temporada de precipitaciones hace visible un deterioro que lleva años gestándose bajo tierra.
Mientras las calles vuelven a cubrirse con asfalto después de cada reparación, el verdadero problema permanece oculto: una ciudad construida sobre un suelo que continúa descendiendo centímetro a centímetro y cuya infraestructura hidráulica envejecida convierte cada fuga en una posible amenaza.
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