- 23 de marzo de 2026
Salieron a trabajar y reportaron que regresaban, pero nunca llegaron. Esto es lo que se sabe de la desaparición de siete electricistas en Matehuala.

El lunes 16 de marzo, siete jóvenes originarios del municipio de Cárdenas, en San Luis Potosí, salieron de sus casas con la intención de trabajar. No era un viaje fuera de lo común. Como electricistas y trabajadores de la construcción, estaban acostumbrados a moverse por distintos puntos del estado para cumplir con proyectos temporales.
Esa mañana abordaron una camioneta, cargaron herramientas, equipo y lo necesario para varios días de trabajo. Su destino era Matehuala, en el altiplano potosino. Nada hacía pensar que ese traslado, parte de su rutina, terminaría convirtiéndose en una desaparición que hoy mantiene a siete familias en incertidumbre.
Lo que comenzó como una jornada laboral más se transformó en una tragedia que, hasta ahora, sigue sin respuestas claras.
Qué se sabe de la desaparición de los electricistas
Durante los primeros días en Matehuala, los trabajadores mantuvieron comunicación constante con sus familias. Llamaban, enviaban mensajes y avisaban cómo avanzaban sus labores. Esa comunicación daba tranquilidad, ya que confirmaba que todo marchaba con normalidad.
Los siete hombres realizaban trabajos eléctricos y de construcción para una empresa particular. Esto implicaba trasladarse dentro de la región, algo habitual en su oficio. No era la primera vez que salían a trabajar fuera de su municipio, por lo que sus familias confiaban en que regresarían como en ocasiones anteriores.
Sin embargo, todo cambió la mañana del sábado 21 de marzo. Ese día, los jóvenes informaron que ya habían terminado su jornada y que iban de regreso a Cárdenas por la carretera Matehuala–Cárdenas. Fue el último mensaje que enviaron.
Después de eso, sus teléfonos dejaron de responder. Al principio, sus familiares pensaron que podía tratarse de una falla de señal o un retraso en el camino. Pero con el paso de las horas, la falta de comunicación comenzó a generar preocupación. Lo que parecía algo menor se convirtió en el inicio de una situación alarmante.

Testimonio clave denuncia desaparición
La incertidumbre creció aún más cuando una tercera persona, ajena al grupo, contactó a las familias para advertir sobre una posible privación ilegal de la libertad. La información no era clara y no incluía detalles sobre el lugar o los responsables, pero fue suficiente para encender las alarmas.
A partir de ese momento, la situación cambió por completo. Las familias comenzaron a temer que los jóvenes hubieran sido interceptados, ya fuera al terminar su trabajo o durante el trayecto de regreso. La falta de información concreta ha sido uno de los mayores obstáculos para entender qué ocurrió.
Además, el hecho de que la advertencia viniera de un tercero ha generado más dudas que respuestas. Hasta ahora, no se sabe con certeza quién dio el aviso ni cómo obtuvo la información. Tampoco se tiene claridad sobre el punto exacto donde ocurrió la desaparición.
Quiénes son los desaparecidos
Los siete desaparecidos son hombres jóvenes, de entre 20 y 30 años. Sus nombres son Ángel Daniel Pérez López, Miguel Ángel Pérez Olivo, Jaciel Zapata García, Omar Godoy Galván, Said Hernán Olvera, Celso López González y Macario Torres Castillo.
Todos se dedicaban a trabajos de electricidad y construcción, oficios que requieren esfuerzo físico y constantes traslados. Sus familias y amigos los describen como personas trabajadoras, responsables y alejadas de cualquier actividad ilícita. No existen antecedentes de amenazas ni situaciones de riesgo previas.
La desaparición también ha impactado en su entorno cercano. Algunos de ellos formaban parte del equipo Deportivo Cali FC, que difundió mensajes en redes sociales para pedir apoyo en su localización. La comunidad, tanto laboral como deportiva, se ha sumado a la búsqueda, mostrando la cercanía que tenían con su entorno.
Familias inician búsqueda de los electricistas
Ante la falta de información oficial, las familias han tenido que organizarse por su cuenta. Han establecido contacto entre ellas, compartido datos y difundido los rostros de los jóvenes en redes sociales y espacios comunitarios. La búsqueda, en gran medida, ha recaído en sus propios esfuerzos.
El colectivo Voz y Dignidad ya acompaña a los familiares en este proceso. Su apoyo ha sido clave para orientar las acciones, dar visibilidad al caso y presionar a las autoridades. Aun así, los familiares consideran que el respaldo institucional ha sido insuficiente.
Uno de los principales reclamos es que la búsqueda se concentre en Matehuala, ya que fue el último lugar donde se tuvo contacto con los trabajadores. Para las familias, cada hora que pasa sin avances reduce las posibilidades de encontrarlos y aumenta la angustia.
La omisión de las autoridades
A pesar de la gravedad del caso y de la presión que ha crecido en redes sociales, las autoridades estatales no han dado una postura clara ni han informado avances concretos en la investigación. Para las familias, este silencio no solo preocupa, también duele, porque sienten que no se le está dando la atención necesaria.
Uno de los puntos más preocupantes es que la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas no ha publicado fichas oficiales de localización. Este es un paso básico en casos de desaparición, ya que ayuda a difundir la información y ampliar la búsqueda. Al no hacerlo, las familias creen que se han perdido horas clave.
También se ha notado la falta de coordinación entre autoridades. No hay información clara sobre operativos, líneas de investigación o acciones en campo. Esta falta de claridad mantiene el caso en incertidumbre y debilita la confianza de las familias en las instituciones.

Una desaparición que refleja una crisis nacional
La desaparición de los siete electricistas no ocurrió en un hecho aislado. Se da en un contexto donde los casos de personas desaparecidas han ido en aumento, tanto en San Luis Potosí como en otras regiones del país. Lo que pasó con ellos es parte de un problema más grande, que hoy afecta a trabajadores, jóvenes y familias enteras que viven con el temor de no volver a ver a sus seres queridos.
De acuerdo con el informe "A quienes nos faltan: Datos para encontrarles", de Data Cívica, San Luis Potosí registra una tasa de 348 personas desaparecidas por cada 100 mil habitantes. Esta cifra no solo muestra la magnitud del problema, también evidencia los retos que enfrentan las autoridades para prevenir estos casos y responder de manera efectiva cuando ocurren.
Mientras tanto, la crisis se mide también en lo cotidiano. Hoy, siete familias viven en una espera constante. Sus días cambiaron por completo y ahora están marcados por la búsqueda, la incertidumbre y la necesidad de exigir respuestas.
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